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07 | 06
Jardín flotante sobre un bosque de acero
Jorge Almazán Caballero

Centro Cultural de la Naturaleza Tachikawa, Tokyo

Un camino serpentea por un jardín entre cerezos y olmos. Los niños juguetean por los montículos del terreno y una pareja se acurruca detrás de unos arbustos. Varios ancianos de paso solemne alzan su mirada hacia la meseta de Musashino, presidida por el monte Fuji, que brilla majestuoso con su manto de nieve. De improviso el camino se interrumpe por un enorme agujero. Por él asoma una escalera mecánica que desciende a un lugar totalmente distinto, un espacio poblado por barras de acero y perfectos volúmenes blancos.

Arquitectura que crece

El bucólico vergel no es sino la cubierta del Centro Cultural de la Naturaleza, proyectado por Atelier Bow-Wow, estudio dirigido por Yoshiharu Tsukamoto y Momoyo Kaijima. El nuevo centro cultural es un equipamiento estatal para el Parque Shôwa Kinen, una extensión verde de 138 ha situada en Tachikawa, una ciudad periférica del Área Metropolitana de Tokyo. El parque Shôwa Kinen comprende diferentes áreas temáticas –juegos acuáticos, zonas de deportes, observatorios de pájaros, jardines japoneses, un bosque infantil– una de las cuales es la llamada Zona Cultura de la Naturaleza compuesta por la explanada verde Yumehiroba y el recientemente inaugurado Centro Cultural de la Naturaleza. El conjunto de plaza y edificio tiene la ambiciosa aspiración de convertirse en un lugar de celebración de eventos relacionados con la preservación y difusión de los valores ecológicos, un punto de información sobre la naturaleza y un lugar de encuentro para los visitantes del parque y la comunidad local.
El proyecto se basa en la idea de una arquitectura “que crece” desde un punto de vista tanto literal como conceptual. Previendo la futura demanda de espacios adicionales, el centro cultural ha sido concebido para crecer por tramos siguiendo el trazado curvo de la explanada verde, sin que en ningún estadio el edificio esté inacabado. De hecho el pabellón de aseos públicos, construido con el mismo lenguaje que el centro cultural, está situado en el extremo final de la trayectoria virtual de crecimiento, casi demandando que se complete el edificio. El proyecto también crecerá, madurará y se regenerará junto con la vegetación que integra su cubierta, que irá descendiendo desde el jardín para cubrir la fachada con hiedra. El edificio crecerá también como nodo de información e irá consolidando su papel como lugar de encuentro a medida que su presencia se enraíce en la comunidad local.

Naturartificial

El carácter público y la escala del edificio representan una novedad dentro de la obra construida de Atelier Bow-Wow, que hasta este proyecto se había dedicado casi en exclusiva a viviendas unifamiliares, la mayoría de ellas localizadas en los característicos solares minúsculos del las áreas residenciales de los distritos centrales de Tokyo. No obstante, en paralelo a la construcción de viviendas, Atelier Bow-Wow ha desarrollado muchas ideas sobre espacio público a través sus investigaciones teóricas y una serie de pequeñas instalaciones que la oficina denomina “microespacios públicos”. En este proyecto muchas de estas ideas se condensan en una doble atención tanto a la dimensión comunicativa como a la dimensión performativa del centro cultural. Esta doble atención se resuelve en un esquema claro que tiene la inmediatez de una infraestructura: una topografía verde transitable cubre un espacio diáfano soportado por enormes cilindros habitables.
Tanto el marcado contexto natural como la propia temática de la Zona Cultural de la Naturaleza han exigido de Atelier Bow-Wow un posicionamiento frente al paisaje y el significado contemporáneo de lo verde y lo natural. Las intervenciones en contextos entendidos como naturales suelen encaminarse hacia dos tendencias opuestas. Unas apuntan hacia la mímesis, la construcción de paisajes artificiales y topografías construidas que imitan orgánicamente el escenario natural. Otras optan por sacar partido del contraste con el contexto y erigirse como iconos sobre el paisaje. Atelier Bow-Wow desarrolla una vía intermedia, un juego de equilibrios que no se decanta ni por una ni por otro modelo. El proyecto comunica que la diferencia conceptual entre lo natural y lo artificial, muy especialmente en Tokyo, ya no tiene sentido. La cubierta verde evoca un jardín idílico que contrasta con la artificialidad de los cilindros, volúmenes perfectos que se yerguen frente a la explanada verde. La mimesis y el icono, lo natural y lo artificial se radicalizan y yuxtaponen sin solución de continuidad. Shakkei
Sin unirse físicamente al terreno natural más que en su extremo sur, por donde uno de los caminos del parque se adentra en la cubierta, el edificio se apropia del paisaje circundante mediante una reinterpretación contemporánea de un método tradicional japonés de jardinería: el Shakkei o la técnica del ‘paisaje prestado’, que consiste en incorporar visualmente en el propio jardín elementos del paisaje lejano circundante obstruyendo las vistas innecesarias en la composición mediante elementos de jardinería como arbustos, rocas, árboles o vallas. La cubierta es un jardín que se eleva a la altura necesaria para que el entorno más cercano desaparezca mientras que la topografía y la vegetación del jardín desdibujan el perímetro de la cubierta. El jardín flotante toma prestado el horizonte circundante y se fusiona visualmente con él. Una técnica de shakkei que en este caso es reversible: el edificio visto desde la lejanía parece surgir del propio terreno, su cubierta verde se mimetiza con el parque, “prestando” su jardín flotante al horizonte verde.
La topografía ondulante de la cubierta responde a variaciones de canto e inclinación en las cerchas que forman el emparrillado estructural, resueltas con perfiles en forma de T y dispuestas en planta en forma de telaraña. En función del diagrama de esfuerzos, el canto de las cerchas aumenta en los apoyos sobre los cilindros creando en la superficie una serie de cráteres de 1.5 metros de profundidad que han sido rellenados con tierra para plantar los árboles. Por otra parte las cerchas se van inclinando sucesivamente hacia el este o hacia el oeste, en una ondulación continua que contribuye a la variedad topográfica de la cubierta y crea espacios de diferentes alturas bajo la misma. Las ondulaciones topográficas, el manto vegetal, los árboles y el mobiliario de jardín construyen un intrincado paisaje que aporta prados soleados, recovecos de sombra y rincones íntimos donde los visitantes pueden encontrar lugares acogedores frente al vasto horizonte del parque.

Hanami

El espacio bajo la cubierta pertenece claramente al lenguaje de la abstracción y de la artificialidad. Como muchos de los edificios descritos en “Made in Tokyo”, un estudio de construcciones híbridas de Tokyo realizado por Tsukamoto y Kaijima, el centro cultural superpone dos usos totalmente distintos que colonizan una misma estructura sin interferir el uno con el otro. Los propios arquitectos definen el edificio como un “híbrido de cubierta ajardinada y equipamiento cultural del parque”. La transición abrupta de un mundo a otro se enfatiza desmaterializando la estructura: el canto del emparrillado se reviste de vidrio de modo que sólo destaca el canto de la losa de hormigón perimetral en voladizo. Dos mundos conviven separados por lo que parece una fina membrana ondulante.
La cubierta verde está soportada por 15 cilindros que alojan los usos del programa que exigen mayor independencia. Los cilindros de hormigón armado resisten las cargas verticales y horizontales, mientras que los de acero sólo las verticales. La sala de conferencias, las oficinas administrativas, los ascensores, un aula y los espacios de almacenamiento están contenidos en los cilindros, mientras que entre ellos se forma un espacio fluido y flexible, usado como galería de exposición, cafetería y biblioteca. La posición libre y el tratamiento de los cilindros como arquitecturas independientes con tamaños y materiales distintos, la continuidad del pavimento interior hacia el exterior, el largo paño de puertas plegables en la fachada este, todo ello permite que la explanada verde y el espacio interior se perciban y se puedan usar como un espacio continuo. La intención de Atelier Bow-Wow al proyectar el interior del centro cultural es la de crear un espacio “tan confortable como la sombra de un árbol”. Este lenguaje coincide con la forma en que Toyo Ito definió en una conferencia celebrada el pasado 3 de Abril en Tokyo la idea que subyace detrás de los tubos estructurales de su famosa Mediateca de Sendai. Ito mostró un antiguo grabado japonés de una escena de Hanami, la tradicional fiesta japonesa celebrada a principios de Abril que consiste en sentarse bajo los cerezos recién florecidos para comer, beber y conversar mientras se disfruta de la efímera belleza de las copas y la pálida vibración rosada de las flores. Para Ito, los cerezos establecen un sutil orden, crean calidades, sombras, olores y orientaciones espaciales sin imponer un orden totalitario. Los cilindros del centro cultural de Atelier Bow-Wow y las diferentes alturas creadas por la ondulación de la cubierta reproducen en el espacio cubierto la sutil articulación espacial de una arboleda. No es un espacio neutro sino cargado de orientaciones, vistas, aberturas, zonas más intimas y zonas más públicas. Pero los arquitectos no se limitan a la abstracción de un bosque sino que añaden una capa de evocación: de los cilindros surgen radialmente las cerchas como ramas de acero y de ellas en lugar de flores cuelgan delicadas telas blancas que tienen la función de falso techo para mejorar la acústica interior. Para enfatizar la continuidad entre espacio interior y exterior, el falso techo de las zonas exteriores se resuelve con láminas de aluminio que imitan las telas.

Experiencia “Made in Tokyo”

La concepción del espacio doméstico de Atelier Bow-Wow se basa en una cuidadosa atención a las actividades diarias. Sus viviendas no pueden reducirse a diagramas simples ya que atienden a múltiples aspectos, aceptan y potencian la ambigüedad de lo doméstico hasta el punto de usar muchos elementos convencionales para construir lugares acogedores. No obstante el centro cultural sorprende por su claridad visual e inmediatez diagramática. Los arquitectos han apostado en este caso por facilitar la legibilidad espacial para el público general, muy diferente del usuario doméstico, mediante un contundente diagrama inicial que lleva impresa la huella de las experiencias espaciales que los arquitectos han aprendido en sus investigaciones urbanas. El Centro Cultural de la Naturaleza es una experiencia “Made in Tokyo”, un híbrido insólito de jardín flotante sobre un bosque de cerezos de acero.
Nota: Todas las citas del presente artículo han sido extraídas de conversaciones informales con los arquitectos y de los textos de su reciente libro “Post Buble City” (Tokyo 2006, Inax Publishing).

Sobre el autor: Jorge Almazán Caballero, arquitecto por la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), realiza actualmente su tesis doctoral bajo la dirección de Yoshiharu Tsukamoto, profesor del Instituto Tecnológico de Tokyo.

Aus der Ausgabe 07-2006

 


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